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jueves, 15 de enero de 2009

URC CHILE:SOBRE EL HOMBRE NUEVO


La idea del “hombre nuevo” es un tema altamente difundido en América Latina. Las concepciones castro-guevaristas que la promueven han encantado románticamente a muchos jóvenes, sobretodo a las generaciones de los años ’60 y ’70, pero también a las actuales.


Generalmente esta idea, tras ser inspiradora de entrega y abnegación a la causa del pueblo por un tiempo, termina provocando su contrario, decepción y muertes. Decepción, pues se sigue un modelo ideal abstracto imposible de alcanzar, el “guerrillero heroico”; y muertes, pues quienes han intentado desarrollar la revolución siguiendo la idea castro-guevarista del foco guerrillero, han sido siempre sobrepasados por la contrainsurgencia, traduciéndose en matanzas, razias, masacres.


Todo esto ha llevado a pensar a algunos que la revolución es irrealizable mientras no se cuente con estos “hombres nuevos”. Por el contrario Lenin, una de las jefaturas más reconocidas del socialismo científico, planteaba que no se debe esperar ningún tipo especial de hombre para hacer la revolución, simplemente se debe partir con personas de carne y hueso.


Esto nos lleva a la siguiente pregunta: ¿Este concepto, “hombre nuevo”, es parte del patrimonio del movimiento comunista internacional y específicamente del Socialismo Científico o, por el contrario, es un concepto impreciso, ambiguo o ampliamente superado por las jefaturas de Marx, Lenin, Stalin y Mao Tse Tung?. Responder a esta pregunta implica adentrarse en la concepción marxista del papel que le cabe al individuo en la historia. Este individuo, sin embargo, no es un ser abstracto, es un ser social que posee posición de clase, intereses y ocupa un lugar en la lucha de clases. El comentario a continuación tiene por objetivo dar a conocer tanto el lugar como las tareas históricas que le corresponden al individuo.


El papel del individuo en la historia


En la historiografía tradicional burguesa sólo los grandes personajes, estadistas, militares, aparecen o figuran como los hacedores de la humanidad, hombres especiales y llenos de virtudes como Napoleón o un Pedro el Grande, entre otros. No obstante, la historia es construida materialmente por las clases populares, específicamente por la moderna Clase Obrera por medio del trabajo. ¿Qué sería del ejército de Napoleón sin cañones, alimentos, balas, indumentarias y hombres, todo los cual ha surgido de las clases populares?


Con el advenimiento del Socialismo Científico las masas tomaron conciencia de sí y para sí, desarrollando una politica independiente al de la clase dominante. Dejaron con esto su largo letargo que las había reducido a ser meras espectadoras de la historia, una “multitud ciega que vagaba en las tinieblas carentes de horizonte”, como decía Stalin.


La Comuna de Paris, la Revolución de Octubre, la Revolución China no se realizaron con un ejército de hombres especiales, sino con las amplias masas, las masas más zarrapastrosas.
De esta manera, la Ideología Científica prontamente opuso sus propios planteamientos a los de la burguesía, a saber: las masas hacen la historia; para lograr su liberación deben impulsar no una política conciliatoria, sino una política destinada a la conquista del poder mediante la violencia revolucionaria, oponiendo al Estado burgués y sus instrumentos, la ideología proletaria, el partido de cuadros y la guerra popular.


Para los sectores de trabajo la violencia es consecuencia de la propiedad privada. Ésta a lo largo de la historia ha estado en pocas manos, en las de la clase dominante. Dicha clase, para retener sus privilegios y poder, recurre a sus instrumentos de violencia como el Estado y ejército burgués. Es por esto, que al poder reaccionario se le debe oponer uno revolucionario, según Marx, el pensamiento sólo transforma revolucionariamente la realidad cuando ha prendido en las masas, “el poder material tiene que derrocarse por medio del poder material, pero también la teoría se convierte en poder material tan pronto como se apodera de las masas”. De esta manera, los grandes cambios sólo ocurren de manera violenta, con violencia revolucionaria.


Así, existen dos poderes sobre la tierra uno organizado, dominante y otro que falta por organizar, sobretodo en nuestro país.


Para organizar el nuevo poder se debe recurrir a las masas. Según Lenin, las masas se dividen en clases; para defender sus intereses las clases desarrollan instrumentos, partidos. Estos partidos están dirigidos por grupos más o menos estables, así por ejemplo, la burguesía levanta partidos de masas, destinado prioritariamente a promover a sus personajes más ricos o importantes en las elecciones (cretinismo parlamentario). Por su parte el proletariado desarrolla partidos conspirativos; estos últimos en la lucha política desarrollan agitadores, organizadores, propagandistas, jefes y jefaturas. Respecto de las jefaturas, éstas son los mandos que se han probado profesionalmente o se han preparado e instruido en una larga práctica; no son simplemente aquellos elegidos para los cargos de dirección, son los miembros con mayor prestigio, influencia y experimentación, es decir, se han forjado en la lucha de clases alcanzando reconocimiento entre las masas.


Tanto Marx, Lenin, Stalin y Mao comprendieron también que en las clases populares (en las masas, o en el pueblo) existe un proceso no homogéneo, encontrándose sectores avanzados, intermedios y atrasados en cuanto al desarrollo ideológico. Es por esto que Lenin bregara por que los procesos revolucionarios fueran liderados por los sectores de vanguardia, es decir, la clase obrera como dirección -y la campesina como fuerza principal, según Mao Tse Tung- dirigidos por su estado mayor, el partido comunista, compuesto por los elementos más avanzados de la clase.
Dentro de esta perspectiva, los cuadros dentro del partido tienen la tarea de convencer a los elementos más atrasados de los sectores populares, trabajar entre ellos, elevar su conciencia política y no aislarse de los mismos. De esta manera, todo comunista debe integrarse en organizaciones de clase, para esto se debe partir de realidades. No se puede construir la nueva democracia y después el socialismo con un material humano abstracto creado por nosotros, sino con el material que nos ha legado el capitalismo. Ese es el punto de partida.


El hombre nuevo y el papel de la ideología proletaria


Las tres fuentes o partes integrantes de la ideología proletaria esta constituida por la Filosofía, la Economía Política y el Socialismo Científico. La ideología comunista busca reflejar el mundo, interpretarlo para luego transformar revolucionariamente la realidad, adoptando para esto la posición de clase del proletariado.


El surgimiento del Socialismo Científico y su desarrollo en MLM significó que por primera vez en la historia los oprimidos cuentan con una teoría que refleje fielmente sus intereses. Sin embargo, ni en el capitalismo ni en el socialismo se puede hablar de un individuo con una formación comunista completa. Los hombres poseen contradicciones, lo uno se divide en dos, el pensamiento de cada persona tiene un lado oscuro y otro claro. En el interior de un sujeto existen concepciones burguesas, estas pueden ser atenuadas sólo con la ideología, unida a la práctica revolucionaria y colectiva, reforzando el polo revolucionario que todos tenemos

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En la concepción comunista, el término “hombre nuevo” fue empleado por Stalin en el sentido de los requerimientos necesarios por parte de las nuevas generaciones en cuanto formación técnica para desarrollar la gran industria en la URSS. Es decir, es un término utilizado en la construcción socialista. Sin embargo, el concepto alcanza mayor “popularidad” con el comandante Ernesto Guevara. Pero en Guevara el concepto cambia de sentido, guardando ahora relación con las supuestas cualidades que debe poseer un individuo, en este caso un revolucionario, indistintamente en las condiciones previas a la revolución y después de ésta, en el proceso de construcción del socialismo.


Guevara posee una concepción idealista, romántica en torno al papel del individuo en la historia, pues separa guerrilla y masa, personaje o revolucionario de los sectores populares, anteponiéndose a las masas, relegando su participación a un papel secundario. Así por ejemplo, en la etapa de la lucha guerrillera definida por Guevara se nos habla de dos ambientes distintos, separados: por una parte estaría la guerrilla y por otra las masas, estas últimas dormidas, prestas a ser movilizadas por el ejemplo de la guerrilla. Supuestamente este ejemplo estaría generando las condiciones subjetivas o la conciencia que lleva a la masa a rebelarse y “proletarizarse”. Con esto se promueve la idea de que tan sólo con un grupo de hombres bien preparados es posible hacer la revolución, por medio del desarrollo del foco guerrillero y que en la participación en la guerrilla se va forjando el “hombre nuevo”, al margen de las masas.
Para Guevara el “hombre nuevo”, desde el inicio de su acción guerrillera constituye un “germen de socialismo” y desarrolla nuevos valores de justicia, de “amor” y “humanidad”. Según Guevara, “el revolucionario auténtico está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad” y añade, “hay que tener una gran dosis de humanidad, una gran dosis de sentido de la justicia y de la verdad... se debe alentar a la masa con nuestro ejemplo. “


Los nuevos valores e ideas de Guevara ¿pueden existir sin una base material que les de sustento? Mientras subsista el capitalismo la ideología dominante es la burguesa, como reflejo del modo de producción burgués. El desarrollo pleno de la ideología proletaria solo será posible si existe un control del modo de producción dominante, ya que la cultura es reflejo, en última instancia, del modo de producción. Para transformar esa base material el único camino es colocar a la politica proletaria como guía de esa edificación.


Es por esto que la vía individual propuesta por Guevara para optar a ser revolucionario, en condiciones donde aún domina el viejo poder, debe ser suplido por medio de instrumentos, el partido, cuestión que en la concepción de Guevara no tiene cabida. Sólo el partido como sistema de organizaciones da garantías para el desarrollo y el mantenimiento de la ideología.
Respecto del proceso de proletarización del pensamiento, o el alentar a las masas con el ejemplo, cabe la pregunta ¿Las justicia debe ser ejercida por un caudillo o por las masas? ¿Se le debe mostrar a las masas como ejercer justicia? ¿De esa manera lograrán su proletarización? Al contrario de lo que cree Guevara, el desarrollo de la proletarización sólo será posible si las masas se organizan y pasan a constituirse en poder, ejercen justicia, y administran zonas, construyen la nueva democracia, el socialismo y consolidan el proceso evitando la restauración por medio de Revoluciones Culturales.


En síntesis, el término “hombre nuevo” no da cuenta de las características que debe poseer un comunista ni las tareas que debe cumplir. Dicho término amplio impide asignar tareas y entender qué clases son las encargadas de mantener la revolución viva, es decir, son vanguardia y dirección. En la concepción guevarista no existe una comprensión de las jefaturas y su relación con las masas, ni tampoco existe estado mayor, ni partido conspirativo con carácter de masas. Es por esto que Guevara busca suplir el tema de la subjetividad por medio del ejemplo de la guerrilla y no un sistema de organizaciones ligados a los tres instrumentos de la revolución, a saber: Partido, frente, Ejército popular. Por otra parte, no existe un análisis de las clases o cuál es su carácter y las tareas que deben desempeñar dichas clases tanto en la Nueva Democracia como en la construcción socialista. Por lo tanto, no existe mando y guía. De esta manera, tras este supuesto “hombre nuevo” pueden pasar como contrabando seres de las más distintas especies, clases, intereses, convirtiéndose en un peligro para la hegemonía de los intereses del proletariado y, por tanto, para el trinunfo de la revolución.


En Guevara existe una forma izquierdista con un contenido en esencia reaccionario. Sus criticas a la URSS durante la década de 1960 son pusilánimes, pues brega por los estímulos morales y critica la venta de armas por parte del social imperialismo, en un contexto en que se empieza a desmontar la base socialista en la URSS tras la toma del poder por parte del revisionismo en 1956 con Jruschov a la cabeza. Los incentivos materiales, la descentralización de las fábricas y el hacerlas responsables de sus pérdidas y ganancias, lleva a que la venta de armas se transforme en un negocio más del social imperialismo. Sin embargo, Guevara no ve esto y no critica el revisionismo, no da cuenta de la usurpación del poder soviético por parte de esta nueva burguesía. El hombre nuevo no entiende el proceso de restauración capitalista y como evitarla.
Los peligros de la restauración


Mao Tse tung es enfático al señalarnos los peligros de la restauración capitalista. A nivel general, antes y después de la revolución o en la construcción del socialismo también existen contradicciones de clase y lucha de clases, lucha entre el camino socialista y el peligro de la restauración capitalista, es por esto, que desde la toma del poder el proceso debe ser dirigido por las clases más avanzadas, a saber: la clase obrera y el campesinado, unido a la dictadura proletaria como única forma de evitar la restauración capitalista. La burguesía derrotada militarmente busca recobrar su paraíso perdido, para esto conspira, se aferra y promueve los prejuicios y las viejas ideas, cultura, hábitos, costumbres heredados de la vieja sociedad, y lo hace especialmente desde el interior mismo del partido comunista y los órganos de dirección estatal. Esto obliga a los obreros a entrar en el dominio de la superestructura, en la cual se enquistan los restauradores del capitalismo y las manifestaciones más arraigadas de la vieja clase dominante; el proletariado debe ejercer su ejercer dirección, pero sobre todo su dictadura en ese agreste terreno de la lucha de clases, disminuyendo de paso la división del trabajo manual-intelectual, campo- ciudad, aboliendo los métodos burgueses de enseñanza, promoviendo el criterio político sobre el técnico y defendiendo su programa máximo y mínimo, entendiendo que la política como expresión concentrada de la economía no sólo refleja sino actúa sobre la realidad, transformándola.


Es por esto, que la Gran Revolución Cultural Proletaria, cumple con la misión de alertar a las masas del peligro de la restauración; la lucha de clases continúa después de la toma del poder, incluso en las organizaciones obreras y partido sigue habiendo lucha entre la concepción burguesa y proletaria. Por lo tanto, las masas, los hombres y mujeres deben estar alertas, movilizados para profundizar y consolidar la revolución.


Para los comunistas es importante ligarse a las masas, un comunista no puede ser tal, si no está organizado. Para el comunista la acción politica organizada, de masas, sistematizada por el partido constituye la expresión más concentrada de los intereses de clase, pasando a constituirse este quehacer en una verdadera escuela política. Dentro de sus organizaciones debe promover el centralismo democrático, la lucha de líneas y combatir las formas burocráticas, el sectarismo y el subjetivismo que lo alejan de las masas, ligándose a las mismas, contribuyendo siempre a elevar su conciencia, guardándose de la arrogancia pequeño burguesa y adoptando el estilo de vida simple y austero.

sábado, 1 de noviembre de 2008

GUÍA DEL PARTIDO COMUNISTA REVOLUCIONARIO SOBRE LA EXPOSICIÓN ACERCA DE LA REVOLUCION CULTURAL EN MANHATTAN












Bájate del metro en la calle 68 al noreste de Manhattan y camina hasta la avenida Park. Dos cuadros al norte, sobre la mediana en medio de cuatro carriles llenos de tráfico, te encuentras ante una escultura de acero de una chaqueta Mao de tres metros de alto. Luego colgada de un edificio a la derecha está una bandera grande con un dibujo de Mao Tsetung rodeado de obreros, soldados y jóvenes que desfilan con banderas rojas, el Libro rojo y rifles. Esta es la introducción desde la calle a una nueva exposición del museo Asia Society titulada: “El arte y la revolución de China”.

Durante los próximos meses, decenas de miles de conductores pasarán por la gigantesca chaqueta Mao, y a muchos les provocará sorpresa y curiosidad. A algunos se les refrescaría la memoria sobre los años 60 cuando millones de personas por todo el mundo, como en Estados Unidos, valoraron a la China socialista como una sociedad realmente liberadora. Algunos se acordarán de la imagen pop-art de Mao creada por Andy Warhol que hasta la fecha se ve de vez en cuando en playeras o tarjetas de felicitación. Tras décadas del bombardeo propagandístico de que “el comunismo ha muerto”, es probable que la mayoría de aquellos que pasan por la calle consideren estas referencias artísticas como iconos del “fracaso del comunismo”. Pero aquellos que entran por las puertas giratorias de vidrio y ven la exposición tendrán una oportunidad de examinar y pensar más sobre de qué se trataban Mao, la Revolución Cultural y el socialismo, y para reconsiderar la “opinión común” sobre el efecto de esa lucha histórica en el arte y el artista, y por su parte, el papel del arte y del artista en esa lucha histórica.

“El arte y la revolución de China”, en exposición hasta el 11 de enero del año que viene, se enfoca en el arte creado durante los diez años de la Revolución Cultural, de 1966 a 1976. Contiene pinturas a escala grande, pinturas a tinta, esculturas, dibujos, bosquejos del artista, grabados al boj, carteles y objetos de la vida cotidiana. Los curadores de la exposición, Melissa Chiu y Zheng Shengtian, la organizaron por los temas de: El culto de Mao; La rebelión se justifica; Nunca olvidar la lucha de clases; Arriba a las montañas, abajo a las aldeas; y Arte, historia y política. También hay otra exposición sobre un colectivo de artistas de Beijing que en 2002 inició el “Proyecto Gran Marcha: Una exposición visual ambulante”.

Esta muestra cultural importante impactará ampliamente la opinión pública y el discurso crítico e intelectual sobre el tema del arte revolucionario y la Revolución Cultural de China en general. Una reseña de la exposición salió en primera plana de la sección de arte del New York Times el día de la apertura, en la cual Holland Cotter escribió: “La importante exposición ‘El arte y la revolución de China’ del museo Asia Society plantea su propia pregunta pos-olímpica oportuna: ¿Qué hubo antes?”. Yo añadiría: en camino al futuro, ¿qué debemos aprender de lo que hubo antes?

Esta exposición sale en un momento en el cual en gran parte han descartado la experiencia del socialismo por fallido y no deseado. Como parte de eso, han calumniado y desechado el hermosísimo arte expuesto aquí. Sin embargo, representa un poderoso capítulo de la historia de la Revolución Cultural. Arroja luz sobre los logros abrumadamente positivos de la China socialista. Es terrible que en gran parte se haya negado a la gente de todo el mundo la oportunidad de ver y apreciar este arte revolucionario. Así que es muy positivo que se haya expuesto esta obra ahora en un museo importante y prestigioso de Nueva York. La gente debe aprovechar esta insólita oportunidad y asistir a esta exposición.

El motivo de este comentario mío no es de reseñar “El arte y la revolución de China” (si bien eso se necesita y se publicará próximamente) sino de comunicar unas reflexiones sobre el contexto mayor en el cual se crearon las obras expuestas. Espero que ayude al lector a entender el significado de este arte y esta exposición, lo anima a asistir y que le sirva de guía “no oficial” de la exposición.

Es de esperarse que una exposición sobre Mao, el arte y Revolución Cultural sea controvertida y polémica. La exposición en sí expresa cierta perspectiva política. Los visitantes traerán sus propios puntos de vista. No ocurre en un vacío sino que 30 años después de la muerte de Mao, tras tres décadas de propaganda anticomunista de que la Revolución Cultural era un desastre y una tragedia. También hay gran confusión sobre la naturaleza de la China que existía bajo Mao y la China que existe hoy.

La mayoría de la gente considera que China todavía es un país socialista. Pero la China de hoy —el gobierno y el carácter general de la sociedad— es totalmente capitalista, a pesar de que se declara un país “socialista” y sus líderes siguen llamándose “comunistas”. Después de la muerte de Mao en 1976, sus adversarios en los altos rangos del Partido Comunista de China, encabezados por Deng Xiao-ping, tomaron el poder, derrocaron el socialismo y restauraron el capitalismo; en el proceso arrestaron a cientos de miles y mataron a miles de personas.

Cuando caminas por la exposición, hay un cronograma gráfico que traza unos de los momentos decisivos de la Revolución Cultural, pero distorsiona y excluye el verdadero contenido y carácter de esos momentos (y de la lucha en general). Eso deja al visitante sin un contexto para entender el arte que está viendo. Por ende, he aquí una guía no oficial para ayudar al lector a sacar lo máximo de su visita a esta exposición:


1. Realmente ve el arte

Al andar en la exposición, impresiona inmediatamente la exuberancia de la obra. Impactan los tonos brillantes de rojo y amarillo. Esta obra encarna tiempos de gran vitalidad; tiene el aire de los años sesenta por todo el mundo. Tienen una presencia las figuras en los cuadros: Mao Tsetung, los campesinos, los jóvenes y los artistas. Eso, como mínimo, debe motivar a ver más a fondo estas obras y las historias respectivas.

La he visto dos veces y he notado en los comentarios de las personas a mi alrededor que, desafortunadamente, alguna gente tiende a pasar por alto la obra y se enfoca más en los escritos que la acompañan, a los cuales los revuelve con sus propios prejuicios preconcebidos. Escuché a una mujer que declaró, al ver un muro de arte: “Todo eso lo destruyó Mao”. Al nivel aparente, eso es simplemente ridículo: la misma exposición es testimonio a la importancia de la creación y promoción de arte en la Revolución Cultural, así como el papel del artista durante toda esa lucha. Sin embargo, esta mujer “vio lo que quiso ver”: los veredictos oficiales anticomunistas la cegaron a lo que la obra por sí misma le contaba y a su calidad artística como arte, así como su significado histórico y político real.

Entonces, lo primero que quisiera yo decir a los que planean ir a ver esta exposición es: Realmente ve y experimenta el arte y los tiempos que representa.

Parte del gran discurso anticomunista sobre la Revolución Cultural es que esta persiguió y suprimió a los artistas y que la obra cultural no tenía vida, era didáctica y muy controlada. Falsea por completo tanto los motivos como los logros respecto al arte durante la Revolución Cultural. Al mismo tiempo, sí hubo problemas en la manera en que los revolucionarios abordaban cuestiones de arte y ciencia. Por ejemplo, no hubo suficiente espacio (aire) para que los artistas experimentaran, respiraran, exploraran diferentes caminos, e incluso crearan arte disidente. Relacionado a eso algunas prácticas y políticas surgían del punto de vista erróneo de abordar el arte reaccionario “penalizándolo”.

Pero estos problemas, aunque reales, eran secundarios a los verdaderos logros y grandes avances en construir una cultura revolucionaria, que desencadenó tanto a los artistas de carrera como las masas populares —antes siempre excluidas de ese campo— a crear asombrosas obras de arte revolucionarias. Y todo eso ocurrió en el contexto de una sociedad en plena lucha de salirse de las garras de la explotación de clase.

Un tema principal de la exposición es la campaña de mandar a los artistas al campo para laborar al lado de los campesinos y aprender de ellos. Muchas personas la consideraban, equivocadamente, una manera de castigar y suprimir al artista. Pero en realidad, era una parte importante de bregar con el desequilibrio de recursos entre la ciudad y el campo, y de eliminar las barreras entre el intelectual y el campesino y el obrero. Si bien hubo problemas en algunas de las medidas para implementar esta campaña —por ejemplo no hubo suficiente espacio o recursos para que los artistas de carrera trabajaran más concentrada y enfocadamente— esta experiencia contribuyó a la creación de importantes obras de arte y el desarrollo de técnicas artísticas. La exposición contiene pinturas y dibujos muy hermosos de artistas que “fueron al campo”. Uno es de Xu Bing, ahora vicepresidente de la Academia Central de Bellas Artes en China. El catálogo de la exposición explica: “La experiencia le era positiva en la mayor parte, como era libre de crear arte y dibujaba de la naturaleza muchas horas al acabar su jornada en el campo. Experimentar las culturas locales, el arte de propaganda y la caligrafía durante la Revolución Cultural influenció profundamente su filosofía y metodología artísticas”.

Esta complejidad de crear arte revolucionario la puede percibir el que entre en la exposición con la mente abierta. El arte comunica algo real que refleja la verdad de que la China socialista bajo Mao representaba un verdadero avance para la historia humana en términos de la teoría y la práctica de construir una sociedad en la cual las masas participan en revolucionar todos los aspectos de la sociedad con el fin de eliminar las clases y todas las desigualdades e ideas opresivas que conlleva la sociedad de clases.

Ver estas obras es una experiencia muy impactante y conmovedora, y gran parte de la exposición es de muy alta calidad artística.

A fines de los años sesenta y los principios de los años setenta, yo era uno de esos jóvenes estadounidenses que se inspiraban en la Revolución Cultural de China; cargaba el Libro Rojo de Mao en el bosillo del pantalón y pegaba carteles de los Guardias Rojos en la pared de mi recámara juntos con grabados brillantes de Pinturas campesinas del condado de Husien. En 1970, compré el libro Patio de recolección del arriendo y estudié las fotos de las “Esculturas de opresión y rebelión”. Pero ver en persona las pinturas, grabados al boj y esculturas me resultó una experiencia cultural y sensorial a otro nivel. Me recordó de una ocasión en que fui al museo; después de haber visto como cien veces una copia de Noche de estrellas de Van Gogh en calendario, vi al original y me quedé completamente asombrada por la formidable fuerza artística y profundidad táctil del óleo.
El presidente Mao inspecciona el campo de Guangdong
Chen Yanning, El presidente Mao inspecciona el campo de Guangdong. 1972. Óleo sobre lienzo.

Muchas de las piezas en la exposición comunican un aire y un entendimiento visual de la historia china: cómo era en realidad para las masas en China antes de la revolución y cómo era la sociedad tras la liberación. La forma y el contenido del arte hablan elocuentemente del tenor de los tiempos y lo que estaba en juego en esa lucha. Se ven ejemplos de lo que los revolucionarios trataban de lograr, por ejemplo el Gran Salto Adelante, una gran campaña para revolucionar no solo la producción sino todas las relaciones económicas y sociales entre las personas y hasta su modo de pensar.

Cuando entré al salón que contenía la enorme pintura de Chen Yanning, El presidente Mao inspecciona el campo de Guangdong, me quedé literalmente sin respiración del asombro. Era una de las piezas con las cuales estaba familiarizada, pero me era una experiencia bien diferente ver la textura del óleo sobre el lienzo y la gama de los tonos. Me asombraron la forma y el contenido de la pintura; el gran tamaño del cuadro pone de relieve el peso histórico del campo (y del campesinado) en la historia china, y la posición de Mao en el centro del retablo hace hincapié en su dirección y la profundidad de la investigación que hacía entre los campesinos.

Una de mis piezas favoritas de la exposición contiene cuatro paneles de dibujos al carboncillo que representan actividades de los Guardias Rojos durante la Revolución Cultural. La vitalidad de los dibujos atrae a uno a compartir la emoción de los escenarios, y salta a la vista la exuberancia de las personas retratadas. El aire de los tiempos se respira en estas imágenes hermosas de jóvenes, entre ellos mujeres, que le entran a la teoría, salen a las masas, y se dedican a construir una nueva sociedad y cambiar el mundo.

Otra pieza que me gustó mucho fue un grabado al boj de un hombre que está enseñando a leer a una niña... titulada simplemente Revolución. Expresa elocuentemente el significado histórico de lo que representa: ¿qué significaba que diferentes generaciones de campesinos antes pobres y analfabetos estén leyendo como parte de ser protagonistas conscientes de la historia?

Las obras en esta exposición hablan por sí mismas, de muchas maneras. Deben hacer que hasta los cínicos se pregunten de qué se trataba la revolución en China y por qué desencadenó a tantas personas a crear obras de arte como estas.
2. Piensa en la historia

En su mayoría, las reseñas y los comentarios en las paredes informan y no tratan de darle un sesgo “anticomunista”. Sin embargo, hay en el trasfondo un hilo que sintonizará con lo que la mayoría del público ya piensa, erróneamente: que lo principal de la Revolución Cultural es que la población sufrió, los artistas en particular estuvieron perseguidos y Mao no se preocupó por la gente. Por ejemplo, la introducción a la exposición dice que durante la Revolución Cultural, “a veces llamada la década de catástrofe”, los artistas sufrieron “humillación pública y a veces tortura, y les confiscaron la casa y obras de arte y las destruyeron”.
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Una sala de la sección llamada “La rebelión se justifica” exhibe varias recreaciones de tamaño natural de El patio de recolección del arriendo. La descripción en la pared dice: “La obvia explotación de los campesinos sirve para acordarle al público de la injusticia de la China feudal y así justificar la revolución”. En el comentario falta un análisis de la inmensidad de la historia representada en esas esculturas. Cuando lo leí, no podía sino pensar en que muchas personas no tienen idea de lo que eso significaba para literalmente cientos de miles de personas, pues antes de la revolución china “poder pagar la renta” era la cuerda floja entre vivir y morir de hambre; no poder pagarla significaba tener que venderle a su hija o hacerse un esclavo. Tristemente, no entender eso impide apreciar en verdad la gran maestría de esas esculturas. Hay que mirar el detalle de las caras, cómo ese arte capta las emociones humanas de sufrimiento, angustia y rebelión; cómo el lenguaje corporal silencioso de esas figuras hace vivir un período entero de la historia china... y por qué fue necesaria la revolución en primer lugar.

La escultura original de El patio de recolección del arriendo tenía más de 100 figuras de tamaño natural, hechas de arcilla; se las exhibió originalmente en 1965, en el mero patio de recolección del arriendo de Liu Wen-tsai, un terrateniente tiránico del condado Tayi de la provincia Szechuan, en el suroeste de China. Antes de la liberación, los terratenientes representaban solo del 3% al 4% de la población del condado, pero eran dueños de casi el 80% de las tierras de cultivo; explotaban a los campesinos sin piedad y los trataban como animales de carga. Esa fue una situación típica en China en esos tiempos, dado que los campesinos representaban la abrumadora mayoría de la población. El grupo de 18 escultores profesionales y aficionados que crearon El patio de recolección del arriendo durante la Revolución Cultural, se fueron a vivir y trabajar en ese mismo patio y hablaron con las personas que habían sufrido en la antigua sociedad.

Cuando vas a la exposición, debes tener en mente que ese arte se creó en la caldera de diez años complejos e intensos, durante un esfuerzo inmenso y sin precedentes de cientos de millones de personas de construir una nueva sociedad liberadora, en un país muy pobre afligido todavía por las profundas cicatrices de las disparidades feudales. En un pasado no tan remoto, la abrumadora mayoría de la población había estado hambrienta y analfabeta; potencias extranjeras habían dominado al país y regían enormes disparidades entre el trabajo intelectual y el trabajo manual, la ciudad y el campo, y entre el hombre y la mujer. Ahora no solamente estaban proveyendo ropa y comida a la gente, pero estaban movilizando a cientos de millones de personas a abordar de manera consciente todos los grandes problemas económicos, sociales, filosóficos y prácticos de cómo eliminar la sociedad de clases.

Debes pensar en ese contexto cuando vas a la exposición, y no en el “gran discurso” y el análisis de la Revolución Cultural que ofrecen los defensores occidentales del capitalismo y los enemigos de Mao que derrocaron el socialismo, restauraron el capitalismo y ahora presiden una China que vende a las masas a las maquiladoras del capitalismo global.

Piensa en cómo sería tu reacción si fueras a una exhibición de museo sobre la historia de la guerra de Secesión de Estados Unidos y encontraras ahí una “reinterpretación” de la guerra desde el punto de vista del antiguo esclavista... quejándose y lloriqueando que perdió su plantación, que se le quitaron su propiedad privada y de más importancia los seres humanos de quienes era el dueño, y que toda su familia ha sufrido como resultado.

Eso sería como ver una foto de la espalda de un esclavo, cubierta de gruesas capas de cicatrices de los latigazos; escuchar que cuando los esclavos trataban de huir, los persiguieron como si fueran perros y los mataron; que separaron a las familias... y luego te dicen: “Esas historias se usaron para justificar la lucha contra la esclavitud”. Saldrías con una perspectiva completamente distorsionada de ese período y tal vez compadecerías con el antiguo esclavista debido a su “pérdida personal” y debido a eso, y desde esa perspectiva estrecha, sacarías la conclusión de que la guerra de Secesión que puso fin a la esclavitud fue uno de los períodos más “catastróficos” de la historia estadounidense.

Piensa en esa analogía. Luego piensa en Mao y los revolucionarios que dirigió, y lo que estaban tratando de lograr durante ese período relativamente breve de 30 años, desde la toma del poder revolucionario en 1949 hasta la restauración del capitalismo en 1976. En ese tiempo, los seres humanos no teníamos mucha experiencia en crear esa clase de sociedad: una sociedad de transición hacia el fin de gestar un mundo comunista libre de clases. Mao aprendió de la experiencia de la Unión Soviética e hizo tremendos avances teóricos en conocer la naturaleza de la sociedad capitalista. En particular, señaló que las clases y la lucha de clases siguen en el socialismo, y que continúa una lucha aguda acerca del rumbo de la sociedad en torno a si se quedará en el “camino socialista” o si al final se restaurará el capitalismo. Es por eso que Mao lanzó la Revolución Cultural. Mao no inventó a sus enemigos. Fuerzas poderosas dentro del partido comunista estaban organizando para tomar el poder y restaurar el capitalismo. Si vas a esta exposición y sales pensando que Mao era un paranoico, pues mira cómo China hoy es un paraíso de maquiladoras para el capitalismo internacional.


Recomiendo que, antes de ver la exposición, despejes la mente. Anda por la exposición, asimila el arte y déjate llevar por él. Camina con lentitud y mira el arte como arte. Al mismo tiempo, piensa en los grandes interrogantes que esta exposición —y ese capítulo de historia humana de la cual es una tajada— plantea.

Reflexiona sobre el papel importante que el arte y los artistas han desempeñado a lo largo de la historia humana. Y piensa en esto: ¿Qué significa crear una cultura revolucionaria como parte de construir una sociedad verdaderamente liberadora? Ponte en el lugar de los revolucionarios que estaban tratando de crear algo que no se había hecho nunca en la historia de la humanidad. Considera las maneras en que esa pregunta adquiere un nuevo sentido en una sociedad revolucionaria y socialista que tiene el objetivo de hacer que las masas conozcan el mundo conscientemente, como dijo Marx, para cambiarlo.

En particular, piensa en la sociedad opresiva que, con la dirección de Mao, las masas estaban dejando atrás y en la realidad de que, antes de la Revolución Cultural, la gente común no figuraba en los escenarios del teatro ni en las paredes de las galerías de arte. En su lugar, como dijo Mao, había “emperadores, generales, beldades y momias extranjeras”. ¿Qué efecto tenía eso en los valores y la conciencia social? Para hacer una analogía, ¿qué significaba en este país cuando los espectáculos racistas de blancos pintados de negro y series como Amos and Andy (novela radial y luego de tele) eran lo que se veían de los negros en el arte?

Cuando miras los afiches políticos, no los condena automáticamente como “propaganda política”. Piensa en el papel que ese arte desempeñó en una sociedad en que cientos de millones de personas estaban discutiendo y debatiendo economía, política y filosofía, asuntos que importaban muchísimo al rumbo que la sociedad iba a tomar; júzgalo en parte con ese criterio. Piensa en la importancia crucial de cosas como los cartelones de “grandes caracteres” en una sociedad en que la mayoría de la población no tenía televisor, muchos eran analfabetos todavía y ¡claro que no había nada como el internet!

Cuando miras todos los botones y afiches de Mao, piensa en por qué cientos de millones de campesinos pobres, trabajadores, jóvenes y, sí, intelectuales le querían tanto a Mao por la dirección crucial que dio en la guerra de liberación y la construcción de una nueva sociedad.

4. Piensa en los interrogantes grandes

La creación de un arte revolucionario en China planteó tremendos interrogantes. Por ejemplo, ¿cómo fomentar ampliamente entre las masas la creación colectiva y consciente de obras de arte y, a la vez, apreciar, apoyar y aprender de la obra de artistas individuales altamente capacitados, incluidos los que crean obras de arte que representan el desacuerdo y el disentimiento? Para dirigir un movimiento amplio de creación de arte revolucionario, ¿cómo manejar la relación entre la necesidad de crear “obras modelo” que suponen una dirección más finamente calibrada y, al mismo tiempo, permitir la creación en direcciones muy amplias y diferentes de otras obras, incluso hacia el disentimiento o posiblemente a no tener relación directa (objetiva o conscientemente) con la política? La lucha en la esfera del arte, la forma en que la lucha política y la crítica se hacen en la esfera del arte, y la política y la práctica que toman en cuenta en particular a los artistas y el desarrollo del arte revolucionario: cada tema encierra enormes cuestiones. (Por ejemplo, aquí se habló de exposiciones de “pinturas negras”, un arte “expuesto a la denigración”, un asunto que se debe investigar, entender y evaluar).

Antes de ir a esta exposición, o después, lee algo de la obra de Bob Avakian, por ejemplo Observaciones sobre arte y cultura, y ciencia y filosofía (solo hay edición en inglés), en que examinael manejo de ese tipo de cuestión en el socialismo de la Unión Soviética y China, aprende de la experiencia revolucionaria previa pero también sintetiza las lecciones, positivas y negativas, y señala las maneras en que las futuras sociedades socialistas tendrán que hacerlo mejor.

5. Reconocer y darle cancha
a las contradicciones

La exposición late con tensiones positivas y negativas. En la propia exposición hay disonancia, hay contradicciones.

Dale cancha a esas contradicciones, y a la complejidad de las diferentes y grandes cuestiones históricas que plantean este arte y el contexto histórico más amplio en que se creó. Repito, pon al lado las ideas y los prejuicios preconcebidos y suspende por el momento lo que ya “sabes”, una recomendación que se aplica también a los que tienen un punto de vista positivo sobre Mao y la Revolución Cultural. Examina y brega con las contradicciones, entabla discusiones sobre estas con otros para que juntos se atrevan a mirarlo todo con “nuevos ojos” y descubrir o redescubrir cosas nuevas.

6. Diviértete y propaga
el debate y la discusión

Si lo dejamos todo a la espontaneidad, esta exposición de arte terminará reforzando en muchos casos gran parte de la conclusión oficial anticomunista: que ese período de la historia china (y de la humanidad) es prueba de que “el comunismo ha muerto”. Pero la pura verdad, lo que esta exposición demuestra en realidad, es que el socialismo en China tuvo grandes logros. Se enfrentó a grandes problemas: algunos los trataron y solucionaron de una manera positiva y otros no. Pero, ¿cómo no iba a ser así? La experiencia socialista de China sí llevó a la humanidad por cierto trecho del camino a un mundo emancipador, y la humanidad tiene que seguir adelante en ese camino. Esta exposición ofrece la posibilidad de abrir una nueva etapa de discusiones sobre los logros de China socialista, examinándolos y apreciándolos, incluido en la esfera particular del arte... y sobre la necesidad, la posibilidad y los caminos por los cuales la humanidad puede hacer las cosas mejor en futuras sociedades socialistas.
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Para mí, uno de los momentos más interesantes de la exposición fue el vídeo de una entrevista de 2007 a Liu Chunhua, el artista que pintó el famoso cuadro El presidente Mao va a Anyuan (incluido en la exposición). Durante la Revolución Cultural, se sacaron más de 900 millones de copias de ese cuadro. Al mero final de la entrevista, transcrita en el libro El arte y la revolución de China (en inglés, editado para coincidir con la exposición), el entrevistador dice que “la llamada Revolución Cultural puede considerarse una edad de tinieblas en la historia de China del siglo XX” y se pregunta: “¿Así que cómo deberíamos tratar las obras de ese período que sirven para ensalzarla y elogiarla? ¿En qué radica su valor?” Liu contesta:

“Esa es una pregunta extremadamente delicada. En realidad, la Gran Revolución Cultural fue una lucha política. La historia de las luchas políticas es siempre un caso de ‘o tú o yo’. Hoy se considera que la Revolución Cultural fue una catástrofe. Mucha gente pasó grandes injusticias, muchas familias quedaron destruidas; fue en verdad una tragedia. Cuando yo estaba haciendo investigaciones en Norteamérica, conocí en Canadá a un estudiante de tercer año de preparatoria, cuya abuela vivía en Taiwán. Durante la Revolución Cultural, saquearon la casa de su familia innumerables veces. Solo puede imaginarse las muchas penurias y el sufrimiento que su familia vivió. Después del período de reforma y de apertura [hacia el Occidente], su abuela pagó para que él estudiara en Norteamérica. Durante la reunión que tuve con él, le expresé muy espontáneamente mi profundo pesar. Le dije: ‘Mao Zedong permitió que esos crímenes se cometieran contra ustedes’. Pero él no miraba la situación de esa manera. Me dijo: ‘No fue Mao Zedong quien nos hizo sufrir, fueron las personas a quienes Mao se oponía que nos hicieron sufrir’. Así que podemos ver que cualquier fenómeno histórico es extremadamente complicado. Mirando la historia de la revolución proletaria desde una perspectiva sociológica, creo que la cuestión de que si [la Revolución Cultural] benefició los intereses del proletariado o no tendrá que evaluarse mediante futuras discusiones de la historia de la Revolución Cultural”.

Vete a ver esta exposición. No pierdas la oportunidad de vivir ese arte. Piensa en las preguntas importantes que suscita... y del período de historia humana que produjo ese arte... y discútelas y debátelas con otros.

ARTICULO DEL DIARIO BRASILEÑO A NOVA DEMOCRACIA SOBRE LA CONSTRUCCION DEL CANAL BANDERA ROJA EN LA CHINA DE LA REVOLUCIÓN CULTURAL





















El campesinado del Nordeste de Brasil, bajo la alegación de la falta de condiciones para la producción, siempre fue persuadido a salir de su tierra para alimentar las necesidades del latifundio y de la burguesía burocrática. Fue así en el ciclo de la goma, en el inicio del siglo XX, y fue así entre las décadas de 50 y 70, cuando fueron construidas obras faraónicas como Brasilia y el Puente Río-Niterói que llenaron los bolsos de políticos, empresarios, etc. Terminadas las obras restaban las favelas y la gran masa para engordar el ejército industrial de reserva del capital. Mientras tanto, en el Nordeste, el latifundio se tornaba cada vez mayor y más rico.


En este mismo periodo, del otro lado del mundo, China vivía una experiencia completamente distinta – absolutamente diferente de la actual farsa olímpica, cuando habitantes son desalojados para la construcción de estadios, se quedan sin indemnización y cuando se concluye la obra son expulsos sin pago por el gobierno fascista, travestido de comunista, de la actual China de capitalismo restaurado. Era la época de la construcción socialista, del gran salto adelante y de la gran Revolución Cultural Proletaria. Era una época de grandes proezas.

Entre 1960 y 1969 fue realizada una magnífica obra en el distrito de Linhsien, en el estado de Honan, situado al noroeste de China, la construcción de una red de cerca de 1.500 kilómetros de canales cavada en la roca con mazos, taladros y dinamita. Debido a su carácter, no tiene nada de faraónica. Era la obra de las masas laboriosas dirigidas por su partido, el Partido Comunista, para transformar la naturaleza y construir el futuro. El Canal de la Bandera Roja será siempre recordado como una de las maravillas que las masas son capaces de construir.

El libro El canal de la Bandera Roja de Lin Min, fue publicado por la Ediciones en Lenguas Extranjeras de Pekín en 1975. El trabajo de Lin Min es un libro con poco más de 70 páginas, pero extremadamente rico. Cuenta la historia de la construcción del canal, el placer y la abnegación de las masas para cambiar el porvenir, pero también el de la lucha contra el revisionismo de Liu Chao Shi y sus partidarios, que, cuando en el poder, hicieron de todo para conducir China de vuelta al capitalismo. Un hecho tan grandioso de las masas no pasaría impune. Diversas fueron las tentativas del revisionismo de paralizar la obra, pero la determinación del pueblo y la dirección firme del comité distrital del PCCh, liderado por Ian Cuei, fiel seguidor del Pensamiento Mao Tsetung (como era denominado el maoísmo en la época), nunca consiguieron su intento. Driblando la decisión de la dirección central y bajo el pretexto de hacer el mantenimiento en las partes listas, fueron mantenidos algunos equipos que continuaron la obra. Terminada la cosecha, trabajadores volvían a la construcción hasta la estación del plantío y, palmo a palmo, la roca se transformó en canal.

Una naturaleza inhóspita

Linhsien está situado en el noroeste del estado de Honan. Es un distrito bastante montañoso, casi desproveído de vegetación y además de poseer pocas tierras cultivables es muy populoso. Por la región del distrito atravesaban varios ríos, que corrían por profundos valles pendientes en las encostas escarpadas, haciendo sus lechos estrechos para contener mucha agua. Los principales cursos de agua de la región secaban durante el estiaje y, en el periodo de las grandes lluvias, se transformaban en grandes torrentes que provocaban desastres. Por eso, nunca se conseguía conservar el agua de la llena para poder utilizarla.

Por causa de la falta de agua potable, 10 mil habitantes del distrito tenían que atravesar montañas de decenas de lis (1 li = 500 metros) para buscar agua. Durante el período feudal, en cada seca, los campesinos que no conseguían pagar sus deudas con los señores de tierra eran expulsos, yendo a mendigar en otras regiones. La producción era inevitablemente pequeña. La existencia de pozos profundos era de provecho exclusivo de los feudales. Retirar agua era crimen punido con castigos terribles.

Con la liberación diversos problemas continuaban afligiendo las cerca de 500 aldeas que componían el distrito de Linhsien. Pero, en relación a las condiciones naturales de la región, la escasez de agua constituía el problema más grave. Resolverlo significaba un gran salto en el desarrollo de Linhsien.
Diez años de trabajo arduo

En febrero de 1960 se iniciaron los trabajos para la construcción del canal. Quince años antes el Presidente Mao escribió el artículo Como Yukong removió las montañas, en el cual evoca una fábula de la antigua China sobre un señor llamado Yukong, que decidió, con la ayuda de los hijos, arrancar, con golpes de pico, dos grandes montañas que se interponían en el camino entre la ciudad y su casa. En la historia, Yukong y sus hijos trabajaron día a día. Por fin, y por ser una fábula, el Cielo quedó conmovido con su perseverancia y mandó dos ángeles para que cargaran las montañas. Para el Presidente Mao, el Cielo no es otro sino las masas chinas y la fábula incentiva el pueblo a perseverar, compenetrándose en el espíritu luchador de Yukong.

Un campesino escribió con tinta roja y en letras colosales en una roca de las montañas de Linhsien: “¡Transformar China inspirándose en el viejo Yukong que removió las montañas!”. Era el incentivo que faltaba.

Una cosa que no faltaba eran hombres y mujeres dispuestos a participar de las obras. Ya en 1958, el distrito de Linhsien contaba con más de 400 cooperativas de tipo superior, agrupadas en 15 Comunas Populares. Esas Comunas Populares, de esencia socialista, movilizaron 40 mil personas para la construcción de las represas y del canal.


El canal, con sus tres ramales y toda una serie de canales auxiliares, forma una red de 1.500 km de extensión. Durante las obras fueron abiertos 134 túneles, erguidos 150 acueductos y, en el terrapleno, fueron removidos 16.400.000 metros cúbicos de roca. Era una grandiosa obra de ingeniería. Esas nobles aspiraciones contaron también con la participación de grandes hombres y mujeres, que enfrentaron y sobrepujaron incontables dificultades, pero que se guiaron por la consigna de apoyarse en las propias fuerzas.

Para la superación de las dificultades, los campesinos desarrollaron soluciones técnicas revolucionarias. A lo largo de la obra fueron varias de esas soluciones, siendo importante destacar dos de gran eficiencia.
El canal que pasó por debajo del río

“En el inicio, cuando los agrimensores determinaban el trayecto del canal principal, ellos tuvieron que detenerse delante del Tchuoho, río de cerca de cien metros de anchura, que el canal debía atravesar para poder continuar para el sur. En la época de las llenas, el curso de agua aumentaba y su caudal ultrapasaba los 500 metros cúbicos por segundo. Si fuera construida una galería de canalización de un centenar de metros en concreto armado y con tubos de grandes dimensiones, el coste de la obra subiría para un millón de yuan, y, además de eso, era necesario esperar por las armazones metálicas y por el cimento que el Estado suministraría según su plan. El grupo de estudio para la elaboración del plan, constituido según el principio de la tríplice unión (Comités Revolucionarios surgidos en la gran Revolución Cultural Proletaria), decidió poner de lado este proyecto y resolver el problema de otra manera.


Este grupo fue consultar al viejo albañil Iam Wanjen que hacía decenas de años vivía junto a las márgenes del Tchuoho; además de eso, pasó a vivir con los habitantes a fin de recoger las más amplias informaciones, reuniendo así muchos datos sobre el lecho del río durante las llenas precedentes. Iam Wanjen había sugerido que se construyera una galería en piedra sobre el lecho del río, para que las aguas del canal pudieran atravesarla. Esta propuesta fue muy apreciada por el técnico Vu Tzutai, miembro del grupo de estudio, que de ella se inspiró. Pensó: "Si la galería fuese construida sobre la superficie del lecho, ella no resistirá a la corriente de las aguas durante la época de las llenas; pero, si construyéramos un dique de un lado al otro del río y encajada en el lecho, con galerías para el pasaje de las aguas del canal, pasando las aguas del río, a la vez, por cima del dique conseguiremos entonces hacer correr las aguas del canal bajo el lecho del río y, además de eso, el dique será capaz de resistir a la corriente durante las llenas”.

Partiendo de esta idea, Vu presentó un primer proyecto de dique con galerías. En las reuniones de discusión de la tríplice unión, el viejo albañil Iam y otros camaradas introdujeron modificaciones. “Hoy en día se puede ver un dique en piedra de 155 metros de largura, 20 metros de anchura y 6 metros de altura, con dos galerías subterráneas. La parte superior del dique está al mismo nivel del lecho del río, las extremidades sur y norte de las galerías subterráneas están conectadas al canal principal, corriendo el agua del canal de norte a sur. Hoy es evidente que la obra resistió firmemente a la prueba de los tiempos, y su coste fue sólo el correspondiente a un quinto del de un dique en concreto armado”.
Saltemos para el río

“Había llegado el momento de la unión de las dos partes del dique en la cabeza del canal. En este lugar la corriente era extremadamente rápida. Las piedras, transportadas en cestos y lanzadas en el río, eran inmediatamente arrastradas, los sacos de paja, llenos de arena, también; lo mismo sucedía con los grandes bloques de roca que pesaban unos 100 kilos. ¿Qué hacer? La época de las llenas se aproximaba, y, entonces, se vería el torrente de agua descender de la montaña con un caudal varios centenares de veces, o hasta mil veces, más impetuoso; la unión sería imposible de realizarse y, peor aún, las dos secciones ya construidas del dique podrían desmoronarse. Era necesario, pues, concluir la junta a cualquier precio, antes de la época de las llenas.”

“¡Saltemos para el río!” – clamó alguien en voz alta.

“Oyendo el llamamiento, numerosos trabajadores, agarrándose firmemente unos a los otros por los brazos, formaron un dique humano frente a la corriente. Fueron necesarias tres filas de hombres para que se pudieran mantener en equilibrio. La corriente era fuerte, pero no conseguía derrumbar esta muralla indestructible. El río se dejaba dominar; la corriente disminuía en el local de la junta. En el margen, los trabajadores corrían, llevando en los hombros sacos de 150 kg que venían a lanzar al punto de la unión. Se fijaron estacas, los sacos de arena fueron lanzados uno a uno en el agua, así como las piedras transportadas en cestos. En tres horas de lucha encarnizada se concluía la unión de las dos partes del dique.”
Economizar y contar con las propias fuerzas

Una lección importante que las masas aprendieron en la sociedad de clases en general y en el capitalismo en particular fue la necesidad de economizar. Economizar para sobrevivir; dictados como “vender el almuerzo para comprar la cena”, son comunes en diferentes partes del globo. Pero la economía de recursos hecha en la construcción del Canal de la Bandera Roja tenía un carácter completamente diferente. No se trataba de economizar las migajas conseguidas con la venta de la fuerza de trabajo, sino de economizar recursos colectivos de la Comuna, del Estado, y no para llegar vivo al final del mes y continuar siendo explotado, pero para acabar con el problema milenario de la falta de agua y modificar la vida. Y la economía fue llevada de forma tan intensa que dejaría cualquier ecologista de turno de boca abierta. Hoy se habla mucho en los tres erres – Reducir, Reutilizar y Reciclar – veamos cómo se da eso en la práctica de una sociedad socialista.

Los montes Taíham eran abundantes en piedra; los trabajadores tallaron a martillo los bloques necesarios a los 1.500 kilómetros de canales. Para las obras de terrapleno, era necesaria gran cantidad de cimento, inicialmente suministrado por el Estado; más tarde, los constructores decidieron crear una fábrica rudimental de cimento.

“Los propios constructores también fabricaban la cal, cualquiera que fuera la cantidad necesaria. Pero el inconveniente era que, en la construcción de un canal, lo que no se verificaba en la construcción de una represa, las obras se extendían sobre un largo recorrido y se desplazaban a medida que avanzaban los trabajos, de tal manera que los hornos de cal debían ser reconstruidos en cada desplazamiento. Demolerlos y reconstruirlos acarreaba grandes desperdicios. Los trabajadores reflexionaron profundamente sobre el problema y acabaron por inventar un método que permitía fabricar la cal sin horno, al aire libre. De ahí resultó una economía de brazos y de combustibles, y el transporte del cal quedó facilitado.”

Pero no para por ahí: la dinamita suministrada por el Estado pasó a ser fabricada a partir del nitrato de amonio, utilizado como fertilizante, con una economía del 75%.

“Se utilizaban al máximo los materiales. Cuando un taladro, de tanto haber sido utilizado, se había quedado demasiado corto, era enviado a un herrero para que lo reparara; cuando se había hecho corto para que, reparado, pudiera volver a su largura normal, era transformado en cincel para los canteros; a su vez cuando este quedase corto, el cincel iba a juntarse a todas las sobras, con las cuales se fabricaban cuñas para los albañiles. Estas cuñas, si no podían ser usadas, servían en último caso para la reparación de azadas.”

“Los residuos eran todos aprovechados. Se juntaba la chatarra para hacer de ella instrumentos. Un mazo fabricado por los propios trabajadores costaba sólo 20 fen, es decir, menos de un décimo del precio de mercado que era de 2,5 yuan. La madera de las cajas de dinamita servía para fabricar cajones para argamasa, carretillas y baldes, mientras que los clavos de esas cajas eran cuidadosamente arrancados para ser nuevamente utilizados.”

“En resumen, en las obras del Canal de la Bandera Roja se practicaba una economía rigurosa. No se desperdiciaba un clavo, un pedazo de chatarra, un pedazo de madera, incluso un hilo; todo tenía su utilización. Los constructores decían: “¡Contando con nuestras propias fuerzas y con nuestras dos manos, no temiendo derramar el sudor, tendremos todo lo que queramos!”
Hombres, mujeres y una sola voluntad

El libro de Lin Min cuenta la historia de un gran hecho, el canal, pero nos brinda también con las historias de hombres y mujeres que lo hicieron. Son historias emocionantes como la de la intrépida joven Yom-ti líder del “Equipo de las Jóvenes de Hierro” que después de luchar para aprender a fijar los taladros y martillar con los mazos, lucharon para aprender a manosear la dinamita. Después de mucha insistencia Yom-ti fue autorizada (la dirección del Partido Comunista quería incentivar la iniciativa femenina) a encender cinco mechas de detonación. Encendió la primera y su corazón disparó, después de la cuarta perdió la sangre fría y pidió que la recogieran. Fue recibida con aplausos, pero dijo que se sentía avergonzada por no haber encendido la quinta mecha y, aunque aún hubiera humo, descendió al túnel nuevamente y como su lámpara se apagó, palpó el suelo hasta encontrar la mecha. La encendió y salió. Su ejemplo fue seguido y las jóvenes del equipo de hierro se tornaron hábiles dinamitadoras.


Otro equipo que merece destaque es el liderado por Jem Yam-tchem, miembro del Partido Comunista y famoso dinamitador. Los miembros de ese equipo tenían como función, después de las explosiones, descender en los peñascos colgados por cuerdas y rodar las piedras sueltas, a fin de evitar accidentes. Era un trabajo arriesgado que varias veces dejaba heridos, pero el equipo no vacilaba, velaba por la seguridad de sus compañeros de trabajo.

Sin duda, la mayor dificultad de Lin Min fue seleccionar cuáles historias colocar en el libro, pues las masas son generosas en ofrecerlas. Ya es difícil para nosotros escoger entre las pocas referidas por el autor para exhibir en este artículo, imagine escoger entre las miles y miles que ocurrieron en la obra, historias de anónimos, como el viejo tallador que día después de día, año tras año, transformaba la piedra irregular en bloques para la construcción; o del joven que viendo sus compañeros lastimarse los pies por causa de los zapatos gastados iba de cantero en cantero con su maleta de herramientas, reparándolos. Finalmente, historias del trabajo cotidiano abnegado que sólo los hijos del pueblo y un sistema socialista pueden hacer.

Nuestro problema, sin embargo, es más fácil de resolver que el de Lin Min y en breve publicaremos en el sitio del periódico, www.anovademocracia.com.br, la íntegra del libro.

Actualmente, en el Brasil del atraso...

La lectura del libro El Canal de la Bandera Roja de Lin Min que cuenta la saga del pueblo chino en la construcción de una grandiosa obra de ingeniería, nos incita a reflexiones, sin poder dejar de hacer comparaciones con los problemas estructurales que vivimos. Además de eso, establece un parámetro para criticar la propalada obra de transposición del río San Francisco, que está próxima a ser ejecutada por el Estado burocrático brasileño, a través de la gerencia de Luiz Inácio.

Es extremamente necesario marcar la diferencia de las dos obras en los siguientes puntos: ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Y para quién?

El canal de la Bandera Roja fue construido por los trabajadores chinos. Esos trabajadores del estado de Honan, en su gran mayoría se presentaron voluntariamente para la tarea. Existía una gran diferencia, no había más patrones y empleados y sí cooperativas y comunas formadas por hombres y mujeres que trabajaban hombro a hombro. Había, es claro, elementos que coordinaban los equipos de trabajo, esos surgían del seno de los propios trabajadores, tenían el reconocimiento de los mismos y les servían de ejemplo. En el caso de la transposición del río brasileño, las obras serán ejecutadas en buena parte por la mano de obra del Ejército, además de trabajadores superexplotados por las empresas constructoras.

La razón del canal de la Bandera Roja fue el pueblo chino. La obra llevó a la población de la provincia china beneficios materiales considerables, como la posibilidad de electrificación, la implantación de pequeñas industrias, además, es claro, del aumento espantoso de la producción agrícola. Pero lo que es más importante aún es la fuente de riquezas inagotable en el plano ideológico. El espíritu de contar con las propias fuerzas, de trabajar arduamente, de avanzar siempre a pesar de las dificultades, demostrados a lo largo de la construcción del canal deja un gran legado.

La razón de la transposición del río San Francisco son los intereses del latifundio y de los reyes del “agronegocio”. Los beneficios para los campesinos y la población ribereña y de la región agreste carente de agua son irrisorios, siendo evidente que serán expulsos da allí por el latifundio.

El proyecto de transposición del río San Francisco, denominado por la gerencia brasileña como “Proyecto de Integración del Río San Francisco con Bacías Hidrográficas del Nordeste Septentrional” es un proyecto al servicio de las constructoras, de intereses electorales, manipulados por la secular industria de la sequía en el Nordeste. La industria de la sequía, primero trabajó con los diques, ganando mucho dinero, beneficiando familias de latifundistas. No satisfecho, el latifundio busca ahora transponer las aguas del San Francisco para sus intereses propios, además de así atender intereses del monopolio internacional. Es obra del imperialismo.

Otra comparación es fundamental: el presupuesto de la transposición del San Francisco es de la orden de R$ 4,5 mil millones, costeados por el Estado para el deleite del latifundio. Se debe aún llevar en consideración los desvíos y toda tipo de robos promovidos por los políticos y empresas constructoras.

Mientras que en el Canal de la Bandera Roja:

“El espíritu de la población de Linhsien de contar con sus propias fuerzas también se revela claramente si examinamos la proveniencia de los fondos invertidos en los trabajos de construcción; de los 47 millones de yuan invertidos en el canal principal y en sus tres ramales, la participación del Estado fue sólo de 21,6 por ciento, mientras que los restantes 78,4 por ciento fueron suministrados por las propias comunas y brigadas de producción. En las inversiones destinadas a las obras suplementarias, comprendiendo una vasta red de canales, y presupuestada en 20 millones de yuan, la parte del Estado fue sólo de 1,5 por ciento contra 98,5 por ciento de la parte de las comunas y brigadas.”

Sin embargo, no faltará resistencia al pueblo brasileño. Los campesinos pobres y los movimientos revolucionarios harán de todo para impedir ese asalto a nuestras riquezas y, por qué no decir, una afronta a nuestra soberanía.

Esos mismos campesinos, que viven de su trabajo, saben muy bien que la construcción de cisternas es una opción limitada para la solución de los problemas de la sequía. Sin embargo, obras de envergadura, como demanda la solución de los problemas, sólo será posible en un otro tipo de Estado, en una Nueva Democracia – como fue el caso de los campesinos de Linhsien – donde las fuerzas productivas tengan espacio para desarrollarse, con los conocimientos científicos y los medios de producción bajo control de las clases trabajadoras a través de su Estado popular.